Herramientas de control interno para prevenir impactos en la comunidad

Existen industrias susceptibles de emitir olores y gases ligados a sus procesos productivos, generando un impacto en la calidad de vida de las poblaciones más cercanas. El olor es considerado un estresor ambiental y algunos estudios señalan que puede incluso afectar al estado psíquico de las personas, influyendo negativamente sobre su estado anímico y provocar estrés.

Las comunidades tienden a adjudicar a las empresas plena responsabilidad respecto a los impactos medioambientales derivados de sus actividades, sobre todo cuando intuyen que éstos pueden constituir un daño para la salud. Ante esta premisa, las compañías están más que interesadas en prevenir quejas, por lo que han adoptado una postura abierta y receptiva para escuchar y comprender cómo son percibidas en el exterior, es decir, se ha evolucionado de una postura reactiva a una posición proactiva, en la que resultan involucradas empresa, comunidad y autoridad. Y es que construir un diálogo donde los vecinos se sientan escuchados y partícipes, no solo facilitará la resolución de conflictos cuando estos se produzcan, sino que contribuirá a prevenirlos.

La mayoría de los impactos por olor, son producto de una inadecuada gestión de la operación, por eso se hace necesario en la industria contar con herramientas ágiles y dinámicas para el control operacional que permitan evaluar de forma temprana los riesgos potenciales.

Un proceso exitoso de gestión de olores requiere, por lo tanto, del acceso a un amplio conjunto de información relevante sobre el olor y otros, así como una estrategia eficaz de comunicación para las partes interesadas. Debe ser capaz de recopilar y mostrar información relevante sobre los datos de olores y de varias fuentes, con el fin de proporcionar una visión holística de la emisión, el transporte e impacto.

Esto no sólo apoya el proceso de validación de quejas, sino que también ayudará a los operadores a identificar problemas potenciales en sus procesos operativos y a tomar decisiones de inversión orientadas a las estrategias de reducción de olores, las que serán encargadas de minimizar o eliminar completamente el problema de manera eficiente, tanto en recursos monetarios, como la molestia en la comunidad que las rodea.

Con el fin de que el esfuerzo de la comunicación de múltiples actores sea el mínimo, se requiere de un sistema centralizado que incluya todas las actividades de gestión de olores y entregue el nivel adecuado de información a todas las partes implicadas. En un sistema de gestión se incluyen distintos niveles de implementación, como una red de monitoreo de variables ambientales (ej: Smart Sense), o modelación en línea de gases (TRS) y olores (ej: Smart Plume). El instalar uno, dos o más niveles será definido por el objetivo que se desee alcanzar.

En este sentido, las plataformas de modelación en línea permiten visualizar en tiempo real el comportamiento de la dispersión de uno o más contaminantes. Esto permite:

-Modelar el impacto odorante

-Visualización histórica del comportamiento de la pluma de dispersión

-Contrastar y analizar evento de reclamos

-Sistemas de alerta temprana, permitiendo establecer puntos de control en la inmisión para anticipar posibles eventos de reclamos por parte de la comunidad

Cabe destacar que estas herramientas no constituyen métodos de medición de olor por sí solos, sino que son herramientas de control interno que requieren ingreso de datos a partir de levantamientos olfatométricos para poder establecer tasas de emisión.

El control adecuado de cada una de las etapas de la operación, permite a la organización cumplir con un rol social y demostrar conciencia e interés en prevenir situaciones de riesgo ambiental hacia su entorno y comunidades.